Gonzalo García Téllez, profesionalmente conocido como “Lalo” fue y será siempre “El gran capitán” del baloncesto vallisoletano. Como escribí en el artículo publicado en Gigantes, yo crecí viéndole jugar y para mí era el más grande sobre la pista, y eso que coincidió con Sabonis... (para quienes no calculen: Lalo=1.87 m, Sabonis: 2.22 m). Lalo era un jugador que rebosaba coraje y corazón en todo lo que hacía. Técnicamente no era un crack, como decimos ahora, pero lo suplía con creces gracias a su ingenio. En este post no hablaré de sus números porque las estadísticas aburren, pero sólo apuntaré que nació en Valladolid, se formó en las cantera del Lourdes y jugó durante 13 temporadas en la ACB con “su” equipo. Como mi buen amigo Pablo H. me dijo una vez...“En aquella época Valladolid tenía referentes... los Celtas Cortos en la música, Eusebio en el fútbol, y Lalo en el baloncesto”


En realidad Lalo sólo jugó con el Fórum Valladolid hasta su retirada en 2001. Ahora, una réplica gigante de su camiseta cuelga en el polideportivo en el que se dejó la piel. Y esto, seguro que es literal, pues uno de los recuerdos más nítidos que tengo de él como jugador, es tirándose en plancha a por un balón que uno de sus compañeros (Alex Bento, creo) había tocado y para evitar perder la posesión, Lalo se tiró no para cogerlo –pues estaba cayendo y le sería imposible retenerlo- sino para lanzarlo contra las piernas de un contrario antes de que el balón saliera de la cancha. Pensaréis que es una jugada muy común, pero para una niña de unos cinco años que se inicia como aficionada... ¡¡¡ERA ALGO HERÓICO!!! Y es que muchos nos aficionamos al baloncesto en esa época y Lalo era un referente. Primero, por ser de Valladolid, y después por su forma de jugar. Su derroche de energía, su defensa asfixiante y su coraje ,eran las claves de su juego, que con el paso de los años le fue relegando al banquillo, pues el baloncesto se convirtió en lo que es ahora, un espectáculo, y los jugadores de corte físico-defensivo eran apartados por los “megacracks” talentosos. Pero Lalo supo adaptarse y ser el mejor 6º hombre que un aficionado puede desear, un luchador que se las hacía pasar canutas a su defendido, que no daba un balón por perdido y que anima incansablemente a cada uno de sus compañeros levantándose y abrazándolos cada vez que uno era sustituido. Un jugador que en el siguiente partido al fallecimiento de su padre colocaba un ramo de flores en el lugar que cada partido ocupaba su progenitor y estoicamente aguantaba las lágrimas, que finalmente brotan en los ojos de los aficionados.
En definitiva, un jugador que pasó por las canchas españolas llevando el nombre de Valladolid por bandera y que sigue haciendo “botar” nuestros corazones con sangre morada.
En definitiva, un jugador que pasó por las canchas españolas llevando el nombre de Valladolid por bandera y que sigue haciendo “botar” nuestros corazones con sangre morada.

